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Datos rápidos sobre Aruba: idioma, moneda, clima, agua, seguridad y curiosidades para viajar mejor y disfrutar más la isla.
Vas a buscar “datos sobre Aruba” y te salen mil cosas: que si el idioma, que si la moneda, que si “¿es un país o es de Holanda?”, que si el clima… y terminas con veinte pestañas abiertas y cero claridad.
Así que aquí va una versión simple y útil: una guía de datos rápidos sobre Aruba para que llegues con la sensación deliciosa de “ok, ya entiendo la isla” y no con la de “¿por qué nadie me explicó esto antes?”.
Aruba está en el sur del Caribe, cerquita de la costa de Venezuela. Eso se nota en la energía: el ritmo, la mezcla cultural, la forma en que la gente conversa (y cambia de idioma como quien cambia de canción).
Y aunque sí: hay playas de postal, Aruba no se queda ahí. Es una isla con personalidad propia: paisajes áridos tipo desierto caribeño, arte urbano potente, atardeceres que parecen filtros… pero sin pose.
Aruba es un país constituyente dentro del Reino de los Países Bajos. Traducido: tiene su propio gobierno y maneja sus asuntos internos, mientras que temas como defensa y relaciones exteriores se gestionan dentro del marco del Reino.
Y un dato histórico clave: Aruba obtuvo su autonomía (“Status Aparte”) en 1986, separándose de las antiguas Antillas Neerlandesas.
Los idiomas oficiales son neerlandés y papiamento. Pero en la práctica, el multilingüismo es parte del ADN: también se habla muchísimo inglés y español, sobre todo en zonas turísticas.
Dos palabras que vas a escuchar (y que vale la pena adoptar):
Bon bini: “bienvenido/a”.
Dushi: puede ser “lindo”, “querido”, “rico”, “cool”… depende del contexto, y esa es la magia.
Aruba tiene alrededor de 110.000 habitantes, o sea: es compacta, manejable, fácil de recorrer.
Y aun así, se siente cosmopolita: conviven muchas nacionalidades y eso se refleja en la comida, los acentos, los planes y la forma en que la isla se reinventa sin perder su esencia.
La moneda oficial es el florín arubiano (AWG), y está anclado al dólar a una tasa fija de 1 USD = 1,79 florines.
Ahora, lo práctico: en la mayoría de lugares aceptan dólares estadounidenses, así que no te vas a quedar bloqueado si no cambias de inmediato.
Lo que suele pasar (y aquí está el mini “hack” mental): algunos comercios aplican un tipo de cambio “redondeado” para facilitar cuentas. Por eso, cuando pagas en dólares, conviene estar atento a si el cambio te lo hacen en florines y a qué tasa. No es drama: es el típico detalle que, sumado varios días, se vuelve “¿por qué gasté más de lo que pensé?”.
Aruba tiene clima tropical semiárido: mucho sol, lluvias cortas (cuando aparecen) y una brisa que hace que el calor se sienta más amable.
Y este dato tranquiliza a cualquiera que mira el Caribe con miedo a tormentas: Aruba está fuera del cinturón principal de huracanes, así que los impactos directos son poco comunes.
En Aruba puedes tomar agua del grifo con tranquilidad. Es de esas cosas que no suenan “emocionantes” hasta que vienes de un lugar donde todo el mundo te dice “compra botellas, por si acaso”.
La isla produce agua potable a partir de desalación desde hace décadas, y eso se nota en lo cotidiano: llenar tu termo, hacer hielo en el hotel, pedir agua sin miedo a arruinarte un día completo.
Aruba suele considerarse uno de los destinos más tranquilos del Caribe para viajeros. Aun así, como en cualquier lugar turístico, lo típico aplica: cuida pertenencias en zonas concurridas, no dejes cosas visibles en el carro, y listo.
Si lo que te preocupa es “¿me voy a sentir cómodo caminando, saliendo a comer, moviéndome?”, Aruba suele dar esa sensación de paz que uno agradece cuando por fin está de vacaciones.
Aruba es conocida por ser un destino amigable con la comunidad LGBTQ+. Y, a nivel legal, el matrimonio entre personas del mismo sexo quedó respaldado por decisión judicial en 2024.
Más allá del dato legal, lo que importa en viaje es la experiencia: un ambiente generalmente relajado y respetuoso, donde lo normal es que cada quien esté en su plan sin que nadie se meta.
La comida en Aruba es un mapa de su historia: influencias caribeñas, latinas, europeas, sabores de ida y vuelta. Lo lindo es que puedes hacer “fine dining” un día y al siguiente caer en un lugar sencillo que te deja pensando “¿por qué esto no existe en mi ciudad?”.
Un par de antojos muy arubianos para que no te vayas sin esa experiencia:
Pastechi: masa rellena (puede ser queso, carne, pollo, etc.), perfecta para un bocado rápido.
Cocina local y criolla: sabores especiados, mariscos, guisos, platos que se sienten caseros aunque estés de viaje.
Y si te tomas una cerveza: Balashi es la clásica local, elaborada en la isla desde finales de los 90.
Aruba tiene una agenda cultural y deportiva que sorprende a quienes llegan pensando que el plan es únicamente broncearse.
Un ejemplo potente: el Aruba Open Beach Tennis Championships, un evento grande queujiere a la isla con jugadores de decenas de países y convierte la costa en una fiesta deportiva.
Y si lo tuyo no es competir, sino mirar: también es un gran plan para sentir el ambiente local, comer rico y ver cómo Aruba se vive más allá de la tumbona.
El mejor “dato rápido” sobre Aruba no es una cifra: es una sensación.
Aruba funciona bien para el viajero porque la isla está pensada para que te ocupes de lo importante: caminar sin prisa, comer sabroso, moverte fácil, sentirte seguro, y volver a casa con la cabeza más liviana.